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“Jugué voleibol hasta los 66 años”

septiembre 20, 2018

En los primeros años de su adolescencia, Giovanni –Mayo– Sibilia Sánchez comenzó a interesarse por el deporte, especialmente por el voleibol. Desde ese entonces, se ha entregado en cuerpo y alma a esta disciplina, que le ha permitido obtener premios tanto fuera como dentro del país.

Mayo formó junto a su esposo, el entrenador de voleibol Gioriver Arias, el Club Mirador, por donde pasaron varias de las integrantes de las Reinas del Caribe, y de donde han salido varias generaciones de jugadoras que en diferentes etapas han conformado las selecciones nacionales. A pesar de su esfuerzo por más de 50 años, Mayo no ha sido exaltada al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano.

1. Puertoplateña 
Soy la segunda hija de Napoleón Sibilia, de origen italiano, y Soraida Sánchez, de Montecristi. Nací en Puerto Plata, el 18 de julio de 1944. Desde muy pequeña fui muy dinámica. Me gustaba jugar en la calle, brindar y correr. Era muy traviesa porque también solía jugar con los varones, pero nunca tuve ningún problema con ellos, aunque me imponía a veces porque naturalmente me inclinaba por jugar cosas de niñas. Fue una época de mucha alegría”.

2. Familia
Tengo dos hijos: Edgar, que vive conmigo, y Xiomara, que vive en Estados Unidos con sus dos hijos, y mi biznieto. Ellos son mi adoración. Gracias a Dios nos llevamos bien, y me quieren mucho. Edgar estudia para ser fisioterapeuta, y mi hija trabaja para una compañía de seguros. Ambos practicaron voleibol, pero ninguno siguió ese camino. La gente decía que les exigíamos demasiado, pero solo queríamos que fueran los mejores. No deseábamos que fracasaran, por eso nos preocupábamos para que dieran todo de ellos. Al final, aunque les gustaba jugar, prefirieron tomarlo como hobby”.

3. Primer campeonato 
Mi formación como deportista comenzó cuando tenía 11 años. En mi comunidad había un señor llamado Otilio Mirabel, quien por más de 50 años fue instructor deportivo de varias generaciones. Allá recogía a decenas de muchachitas para enseñarles a jugar voleibol gratuitamente. Él nos reunía en el Club Deportivo Gustavo Behall, que hoy día tiene casi 100 años de fundado, y del cual han salido varias estrellas del deporte nacional. En esa época no existía una categoría donde pudiéramos estar las de 11 años, pero de cualquier forma nos enseñaba a jugar. Mi primer campeonato como voleibolista lo hice cuando tenía 13 años, justamente en mi provincia”.

4. Comenzó a enseñar en su escuela 
Estudié en el Centro Educativo Antera Mota, en San Felipe. Nunca jugué en esa escuela básica, porque en ese entonces había una competencia entre mis profesores. Cuando los de mi escuela supieron que Mirabel me enseñaba a jugar voleibol, no quisieron enseñarme. Yo sí llevaba mi pelota, porque las muchachas de la escuela me buscaban, ya que consideraban que les podía enseñar más que nuestra profesora. Aprovechábamos para jugar en la cancha cuando teníamos el tiempo del recreo. Pero jamás jugamos como equipo fuera de ahí”.

5. Inicios del Club Mirador 
En 1962 comenzamos a formar la Selección Nacional, aunque hubo un tiempo en que solo nos reuníamos y viajábamos cuando se nos presentaba un torneo. Me la tuve que pasar en Puerto Plata, porque se empezaban a ver los inicios de la Guerra de 65, así que como no tenía cómo entretenerme, buscaba muchachitas para mantener mi enfoque de entrenadora. Me mudé al Mirador del Norte en el 1968 con mi esposo Gioriver Arias. Era un barrio nuevo, solamente tenía dos calles y unas cuantas casas. Los jóvenes no tenían con qué entretenerse, así que como éramos profesores de voleibol, los reunimos en una cancha cercana, donde conformamos dos categorías. Desde ese entonces y hasta hace algunos años mi casa paraba llena de esos jóvenes. Así nació el Club Mirador. Pero no fue hasta 1970 cuando jugamos nuestro primer encuentro como club deportivo, que fue una de las satisfacciones más grandes que he tenido, ya que fue también el primer torneo de voleibol superior. Sucedió a pesar que no teníamos competidoras veteranas, a excepción de Ana Dilia Hernández y Deyanira Pascual, esta última exaltada al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, integrante de la selección nacional en juegos centroamericanos y panamericanos, y jugadora en el Campamento Mundial de Vóleibol de 1978 en Rusia. O sea, una gloria del deporte. Con ellas comprobé que nací para enseñar voleibol, aunque disfruté mucho mi etapa como jugadora. Era mi pasión, jugué voleibol hasta los 66 años. Actualmente trabajo para los Juegos Bancentralianos. Recuerdo que en los torneos que realizábamos jugaba con todas mis fuerzas. La gente tenía miedo porque me tiraba como siempre al suelo, y pensaban que me iba a fracturar, pero yo tenía mi técnica y sabía hacerlo. Lo dejé no porque me faltaran ganas para seguir jugando, sino porque la vista me lo impedía. Fíjate cómo son las cosas de la vida. El mismo amor y el deseo por el deporte me hicieron sacar fuerzas. Era la más vieja de todas, pero jugaba con toda la profesionalidad de una jovencita”.

6. Los desafíos en el camino 
Esta fue una carrera de muchos sacrificios. Comenzando por ser del interior y tener que someterme a esos tediosos viajes para poder practicar. Me alojaba en casas de familiares, porque en esa época no nos pagaban nada. Como atleta tuve que aguantar mucho por ser siempre la menor del grupo. Muchas me tenían envidia. Incluso me lo decían, y se les notaba. Imagínate, yo tenía 17 y las demás tenían más de 25 años, o sea, que eran mujeres adultas. Para mí fue un logro estar ahí, en ese nivel, a tan corta edad. Como profesora, tuve también muchas cosas que enfrentar, especialmente por ser mujer. Encontré compañeros que me menospreciaban, me decían que no podía lograr ciertas cosas, como estar al frente de una selección nacional. No sé si se trataba de envidia o algo así, porque lo único que hacía era seguir lo que me gustaba, hacer mi trabajo y no enfocarme en lo que los demás competidores hacían. A veces pensaba que se sentían frustrados porque veían como una mujer ganaba torneos en diferentes categorías. Parece que no tenían confianza en ellos mismos. Al final les demostré que no son las palabras, sino las obras las que prueban lo que realmente somos. Sin embargo, agradezco todo eso, porque me hicieron mejor deportista”.

7. Integra jóvenes a la selección 
Enseñar una disciplina deportiva no es nada fácil, porque implica tener mucha paciencia, ya que se trata de repetir. Actualmente tengo 30 muchachas de 12, 13 y 14 años para el proyecto de la selección nacional, pero han sido escogidas a través de varios procesos previos, ya que no todo el mundo puede entrar cuando quiera, deben pasar por mi colador. Todavía hay padres que me llaman o vienen a mi casa para pedir que pruebe a sus hijas a ver si tienen el potencial para competir. Pero por mi edad se me hace un poco difícil”.

8. Cambios en el deporte 
El voleibol ha cambiado mucho. Ahora muchas jugadoras pueden conseguir contratos fácilmente, pero en nuestra época no era nada sencillo. Teníamos que sacrificarnos por la pasión. Incluso, nosotras mismas teníamos que hacernos cargo de la indumentaria que utilizábamos. Otra de las cosas que han cambiado, para peor, es la inoperancia de los clubes. O sea, quien esté interesado en practicar tiene que ir hasta el Pabellón de Voleibol del Centro Olímpico, donde a veces no hay capacidad para tanta gente. Sin embargo, cuando se entrenan, ganan torneos, y se dan a conocer, la gente de su propio sector se asombra porque ni siquiera sabían que tenían un talento así ahí. Es importante que se rescaten los clubes de nuestros sectores para evitar eso”.

9. No está en el Pabellón de la Fama 
Desde hace años, amistades y familiares me preguntan por qué siendo una de las personas que más ha aportado al voleibol dominicano en los últimos 50 años, todavía no se me reconoce en el Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, a pesar de que muchas de las muchachas que pasaron por mis manos ya han sido declaradas inmortales del deporte. No logro entender por qué con tantos esfuerzos no lo han hecho. Pero eso no me detuvo ni me detendrá para dar de mí lo que pueda, para que nuestro país también sea reconocido por la calidad de sus jugadores en voleibol”.

10. Reconocida por el Ministerio 
En agosto del año pasado me hicieron un reconocimiento que significó mucho para mí. Fue en Estados Unidos, en Boston, donde me dedicaron un torneo por mi trayectoria. Fue una invitación realizada por el Ministerio de Deporte, que precisamente ese año también me reconoció en la Gala de Mujeres Ejemplares del Deporte. Me sentí feliz. Vi que, después de todo, cada esfuerzo vale la pena y se reconoce a su tiempo.

“Con disciplina se logra todo en la vida”

“Una de las personas que más me apoyó fue el mismo Gioriver. Fue la persona con la que más trabajé, a quien agradezco gran parte de mi carrera como voleibolista y entrenadora. Nunca me impidió hacer mi trabajo, al contrario, me motivó a que me propusiera metas y siguiera adelante. Tenía un entusiasmo que contagiaba a todas las jugadoras. Pero el primer ángel que Dios puso en mi camino fue el dirigente del club donde comencé en Puerto Plata, Antonio de los Santos. Como éramos de escasos recursos, él nos proporcionó todo lo que necesitamos para cubrir los gastos, aunque fuera poco, estuvo dispuesto a tender su mano siempre. Igualmente el profesor Rolando Miranda, que me dio la oportunidad de dirigir el seleccionado nacional. Recuerdo que después del doceavo juego de la selección, pasaron algunos meses y realizaron un Norceca en México, en el que por primera vez participamos la rama femenina en la categoría juvenil. Otra de las personas que más impactaron en mi vida fue Cristóbal Marte. Él me permitió entrar a su proyecto de selecciones nacionales, en el que hemos tenido 25 años de éxitos, y del cual han salido jóvenes estrellas, incluidas parte de las Reinas del Caribe. Todas ellas pasaron por mis manos, aunque después tuvieron otros profesores. Recuerdo a Prisilla Rivera, Niverka Marte, Yonkaira Paola Peña Isabel, Marianne Fersola, Ana Yorkira Binet, entre otras. Cada una de ellas mostró que con disciplina se logra todo en la vida. Sin lugar a dudas, han representado a nuestro país dignamente en todos los escenarios, sobre todo internacionalmente. Esa es mi mayor retribución, verlas triunfar y crecer en cada torneo”.

Disciplina 
“Tener disciplina fue lo que me permitió llegar hasta donde estoy. Cada paso lo di con firmeza, sabiendo que con un plan determinado y con una meta por seguir, valía la pena mover los pies”.

Hijos
“Con mis hijos pude entender que aunque uno quisiera lo mejor para ellos, que fueran voleibolistas por ejemplo, tenían la responsabilidad de hacer lo que quisieran con su vida”.

Cambios 
Me mudé al Mirador del Norte en el 1968 con mi esposo Gioriver Arias. Era un barrio nuevo, solamente tenía dos calles y unas cuantas casas”.

Desafíos 
Fue una carrera de muchos sacrificios. Comenzando por ser del interior y tener que someterme a esos tediosos viajes para poder practicar”.

Asesora
Todavía hay padres que me llaman o vienen a mi casa para pedir que pruebe a sus hijas a ver si tienen el potencial para competir”.

Fuente: Marcos Rodríguez

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